El Curioso Impertinente


Odian su Estado de Derecho
10/06/2009, 20:33
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El gran logro del liberalismo político, o así me lo aprendí yo, es el Estado de Derecho.  Esto es

Éste se crea cuando toda acción social y estatal encuentra sustento en la norma; es así que el poder del Estado queda subordinado al orden jurídico vigente por cumplir con el procedimiento para su creación y es eficaz cuando se aplica en la realidad con base en el poder del estado a través de sus órganos de gobierno, creando así un ambiente de respeto absoluto del ser humano y del orden público.

Wikipedia

Ya cuando el Tribunal Constitucional dio la razón a Iniciativa Internacionalista frente al Tribunal Supremo, al Partido Popular esta decisión se la trajo bien floja, y es que da igual lo que diga la ley, ellos saben lo que necesita España.

Ahora, tras su victoria electoral, afirma el PP que su mayoría electoral es suficiente como para entender que los ciudadanos han juzgado como inocentes a los dirigentes populares imputados por casos de corrupción.

Con este mensaje mesiánico y populista, saltándose a la torera la Ley apelando a la vez a la “voluntad popular”, el PP abre las puertas a un fascismo incipiente en Europa que camina guiado de la mano, esta vez no de líderes carismáticos y megalómanos, sino de políticos arrogantes y corruptos.

Éstos, acaban con ese sustento-norma y apuestan por el todo vale para lograr el poder del Estado, que ellos mejor que nadie saben lo que necesitamos. Del respeto absoluto del ser humano y del orden público – después de tanta ilegalización y de tanta liberalización – ya ni hablamos.



Juan Carlos Campeador
23/02/2009, 23:28
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Artículo de Jose L. Pitarch sobre el 23-F publicado en www.rebelion.org:

Un 28º aniversario no suele ser de relumbrón, que queda para el 25º y otros de más lentejuelas. Sin embargo, este año nos apabullan publicitaria, propagandísticamente, con unos dobletes televisivos en horario estelar, muchos millones de espectadores, etcétera, sobre el gran héroe de nuestra democracia, nuevo Alejandro el Grande redivivo en el rey salvador de todos los españoles, quien cortó el nudo gordiano o más bien pinza que amenazaba asfixiar a esa tierna democracia. Pinza que componían ETA y los militares no demócratas, por aquel final de década 79-80.

Tan detallados duetos en televisión, empero, no han dejado espacio a mentar frases como esa de Su Majestad al golpista Milans del Bosch: “Ya no puedo volverme atrás”. Ni a citar mayormente que dicho capitán general, como su compinche el dúplice y tríplice Armada, eran casualmente los dos más conocidos generales monárquicos, aristócratas, vinculados a Juan Carlos de Borbón; o que el citado general de división Armada tuvo tres reuniones con el rey poco antes del 23-F-81. (Tampoco nadie ha explicado por qué el capitán Juan Milans del Bosch, hijo del nombrado, meses después dicho golpe llamó en alta voz “cerdo” al rey en el Club de Campo madrileño. ¿Por “volverse atrás”? Un consejo de guerra de generales juzgadores le cuasi absolvió. Tampoco nadie cuenta dónde están y qué dicen o decían los kilómetros de cintas de conversaciones telefónicas de implicados en el golpe, cuyos teléfonos fueron intervenidos por orden del Gobierno de crisis presidido por Francisco Laína. Delincuentes conspiradores nunca llevados ante juez instructor ni tribunal alguno).

Como la casualidad es el dios de los tontos, hay que preguntarse los porqués de tanto enaltecimiento al rey mesías en un anodino aniversario. ¿Tiene que ver con la crisis económica y el miedo del “sistema” a que la misma se deslice a crisis política grave y, sobre todo, a crisis social? Siendo, el rey designado por Franco, clave de bóveda del apaño sucesorio que convenía a los grandes poderes sempiternos, ¿se busca, con tanta glorificación mediática, reforzar y enaltecer esta regia dovela central por temor a que se resquebraje todo el tinglado, y los fuertes remanentes o herederos del franquismo aún con demasiado poder puedan perderlo, siquiera parcialmente? ¿Se trata de establecer una “historia oficial” del 23-F-81, en particular dirigida a los más jóvenes, aprovechando su escaso interés y conocimiento de la Política (quizá con el doble objetivo de que sigan desinteresados y de evitar la rebeldía)? ¿Se teme a una progresiva concienciación republicana?

Los menos jóvenes saben algo más de lo que pasó que quienes no lo vivieron, pero unos y otros seguimos sin conocer cuánto sabía Juan Carlos de aquella “operación De Gaulle” sui géneris, de aquel “golpe blando” o “golpe de timón” alegal, inconstitucional, delictivo, construido sobre un pronunciamiento militar que echaría a la basura el Gobierno legal del Estado, trayendo otro Gobierno bajo la coacción castrense de fusiles y tanques, probabilísimamente presidido por un generalito con fuerte apoyo de “poderes fácticos”, castrenses, civiles y eclesiásticos. Es decir, una dictablanda, valga decir una “actualización” de los Gobiernos Berenguer y Aznar de 1.930-31. En particular, ¿admitía el rey la “solución Armada”, el Gobierno encabezado por éste mismo, impuesto a un Congreso de Diputados y al Gobierno legítimo secuestrados a punta de metralleta?

La “transición” pactada por el fascismo español y los demócratas, bajo coacción o chantaje de aquél (si no se aceptaban los trágalas que imponía, no daban paso a la democracia) había sido diseñada al alimón por la CIA de Nixon y su Departamento de Estado junto al SECED o Servicio Central de Documentación (y espionaje) de Carrero Blanco y San Martín. El más infame Presidente (con G.W. Bush) de los Estados Unidos, conocido por Tricky Dicky (Dicky el Tramposo) Nixon, había enviado al general Vernon Walters, a H. Kissinger, etc a establecer con Franco y Carrero qué debía suceder tras la muerte del caudillo. Y el golpe del “23-F” tuvo el visto bueno de Reagan y A. Haig, Secretario de Estado (“asuntos internos de los españoles”, llamó éste a la rebelión), preocupados por la degradación del Gobierno Suárez y un posible éxito electoral del Partido Comunista de España, el que más había luchado contra la dictadura.

Lo que pudo ser tragedia (de las gordas, para el país y para quienes estábamos en listas de fusilables) quedó en esperpento, Valle sigue aún muy vivo en España. Fíjense que el golpe lo prepararon Armada y compañía contra Suárez. Mas el general de división marqués, al dimitir el de Cebreros, quedó como Don Mendo diciendo a la mora Azofaifa: “¿qué has hecho, maldita mora?, ¿en quién me vengo yo ahora?”, ¿cómo llego yo a Presidente del Gobierno?; y tuvo que recoser sobre la marcha la aventura. Otro de los aspectos de la tragicomedia puede ser cómo Sabino diríase que salvó al Rey de hundirse con Armada (a corto o a medio plazo, aunque la asonada prosperase, pues ¿acaso libró Primo de Rivera de caer a Alfonso XIII?); lo que liquidaría para siempre la monarquía borbónica, ya que, tras cuatro abordajes de dichos Borbones al trono (Felipe V después de larga guerra contra media España, Fernando VII después de José I y otra guerra, Alfonso XII con un “pronunciamiento” militar, el actual monarca gracias al dictador que fusiló a la II República), un cuarto retorno, quinto abordaje, ya hubiera sido muy difícil.

En fin, hubo más dimensiones esperpénticas en todo aquello, como la impepinable implicación del CESID. Lo cual no sabemos si hacía, a este alto servicio secreto, traidor, rebelde, o hacía “legal” el delito de rebelión, transmutando el Derecho Penal. Curiosamente, quien más decía la verdad (esto es, lo que él creía) fue Tejero, y posiblemente él quien hizo fracasar la “operación De Gaulle” a lo chapuza ibérica (“Tejero es un romo”, me expresaba J.L. Aranguren en su despacho de la calle Fortuny). Pese a que dicho teniente coronel asaltante del Congreso lo había planeado, entre otras reuniones, en casa del comandante Cortina del CESID. Por cierto, gran parte de los guardias civiles que ocuparon el Congreso de Diputados fueron allí engañados y manipulados por sus jefes.

Ahora bien, ¿qui prodest?, ¿quién se benefició del “23-F”? Sin duda, Su Majestad, que quedó consagrado como el “gran libertador” de los españoles. En segundo (¿o primer?) lugar, la rebelión asustó y condicionó, ralentizó la homologación democrática de España, bloqueándola en parte. Felipe González también resultó muy beneficiado, pues la gente tuvo miedo de votar comunista, lo que dio a FG una súpermayoría absoluta el año siguiente. En cuanto al Ejército, que se arrogaba ser albacea del testamento de Franco, o, como apunta Santos Juliá, que se auto-atribuía un derecho de veto político, también dio vida al esperpento, verbigracia el rápido ascenso a general del conocido golpista coronel Valencia Remón, el que ocupó TVE, cuyo regimiento fue la única Unidad importante de la División Acorazada que sacó tropas a la calle. Por su parte, el juez instructor del proceso a los golpistas seguía instrucciones políticas del ministro Oliart y, más que investigar, tapaba, cuando la ley le exigía procesar a centenares. Y el juicio de Campamento también fue “político”: había instrucciones para los jueces de la Zarzuela, del Ministro, etcétera. Luego, los pocos condenados sólo cumplieron una parte menor de las condenas.

En estos términos, el Ejército continuó dando sustos y sustitos hasta prácticamente hoy (casos Mena, González Calderón, General Blas Piñar, coronel Navarro de los Paños, etc). Como un servidor –disculpen la autocita– señala en “Memoria irredenta del franquismo (La reconciliación del embudo)”, de aparición estos días, la no rehabilitación de los combatientes antifascistas de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, caso único en Europa, el no reconocimiento pleno de los militares de la UMD y el que a ninguno se le permitiese llegar a general, mientras sí ascendían filogolpistas reconocidos, así los firmantes del “manifiesto de los cien” de diciembre del 81, la asténica y pacata “ley de la memoria” de diciembre de 2.007, el mantenimiento del robo de su nombre de siglos al pueblo toledano llamado “Azaña” (de “aceña”, noria), que se cambió por el del regimiento franquista que lo ocupó a sangre y fuego en 1.936, o la no existencia en Valencia de una calle a nombre del nobilísimo general valenciano Vicente Rojo mientras Franco sigue señoreando la “capitanía general” y su escudo fascista preside su puerta principal, son exponentes de que sólo ha habido esa “reconciliación del embudo”, parcial, persistiendo hasta hoy guetos y trágalas. En todo caso, somos el único país de Europa con la más absoluta impunidad del fascismo.

Presumimos de transición modélica, y de Constitución ídem, pero esta democracia ha mantenido sin pestañear, tres décadas largas, a más de cien mil españoles secuestrados, torturados y asesinados, enterrados sin nombre por fosas, barrancos y pozos. Y, cuando el juez Garzón ha tirado de la manta, dejando posaderas al aire a tantos jueces, fiscales y gobernantes desde 1.977, han bloqueado su investigación, que desnudaba infinidad de delitos de lesa humanidad, imprescriptibles de acuerdo con el Derecho vigente (Estatuto de Roma firmado por España, que rige en nuestro país desde hace siete años). El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha tenido que pedir expresamente a España, el pasado 31 de octubre, la abolición de la normativa que impide investigar los delitos de lesa humanidad, en particular la Ley de Amnistía de 15-10-77.

En cuanto a la “modélica” Constitución de 1.978, digna de encomio en una serie de aspectos, es de una enorme “rigidez”, muy difícil de reformar, y exige el visto bueno para cualquier modificación de un partido como el PP que incluye un buen porcentaje de simpatizantes de la dictadura. En particular, resulta democráticamente intolerable el Artículo 8.1 (directo heredero del 37 de la franquista Ley Orgánica del Estado), que mantiene un portillo abierto a que los militares no demócratas traten de inmiscuirse en la política del Gobierno, como si no existiera el Art. 97: “El Gobierno dirige la política y Administración militar y la defensa del Estado”. Como se inmiscuyó el teniente general Mena Aguado hace cuatro días.



Acabar con el fascismo, acabar con el sionismo
15/01/2009, 16:39
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Publicaba Juan Gelman en Rebelión hace unos días un artículo en el que señalaba el carácter fascista del sionismo. Lo más importante de esta aprecicación es que lo hacía remitiéndose a judíos que tuvieron que huir a EEUU del horror nazi.

En particular nos remitía Juan Gelman a unas declaraciones de Hannah Arendt (pensadora alemana y judía) y de Albert Einstein (científico y también judío) entre otros judíos, ante la visita a los EEUU de M. Begin en 1948.  Los intelectuales judíos firmantes de la declaración contra la visita de Begin expresaban su preocupación por el carácter eminentemente fascista del partido al que este político sionista representaba, el Tnuat Herut, partido del que el derechista Likud de Ehud Olmert es una escisión.

Por denuncias públicas de este estilo, es más, por denuncias a la masacre que Israel está causando en Gaza, intelectuales judíos del s. XXI están siendo acusados de antisemitas por el Gobierno de Israel. Una cosa es que el embajador de Israel y su Gobierno acusen de antisemitas a los manifestantes solidarios con los palestinos, es parte de la maquinaria propagandística del Estado sionista. Pero el que acusen de antisemitas a judíos nos debería dar algunas claves para al menos sospechar de lo que cuentan los sionistas y sus seguidores occidentales.

En este sentido, son varios los judíos los que han acusado al sionismo de ser una ideología antisemita. Por un lado es la propia historia la que nos ofrece datos para afirmar esto, no en vano ahora sabemos que los sionistas colaboraron con el régimen nazi delatando a los judíos de la resistencia. Pero es que además, ahora, nuevas voces judías se alzan contra el sionismo acusándolo de antisimetismo. Es interesante a este respecto el libro editado por Warchawski (judío) “La revolución sionista ha muerto“.

Y en pleno corazón de Israel son muchísimos los judíos que están ofreciendo la represión del aparato sionista por mostra su oposición a la politica imperialista de su Gobierno. (por ejemplo ”Anarquistas contra el Muro”, organizaciones pacifistas, de derechos humanos e insumisos, hasta la Red Judía Internacional Anti-sionista).

Por un lado el discurso hegemónico, el neoliberal, acusa a todos los solidarios con Palestina de antisemitas y de apoyar el terrorismo islámico (mientras el ejército israelí bombardea ya hasta edificios de la ONU y hospitales en nombre de su supuesto derecho a defenderse). Y por otro, el PSOE y las organzaciones de su entorno con un mensaje pretendidamente pacifista intentan vaciar de contenido las movilizaciones a favor del pueblo palestino.

Ante esto no debemos dejar de denunciar que estamos contra el sionismo porque estamos contra el fascismo y el antisemitismo (¡ojo! Que el pueblo palestino también es semita). Que las agresiones del Estado de Israel no deben quedar impunes: es Israel quién no quiere aceptar la creación de un Estado palestino. Hamás, aunque le duela a la derecha, se ha posicionado a favor de la existencia de los dos Estados, el israelí y el palestino (de hecho se muestra a favor de la vuelta a las fronteras de antes de 1967 y de aplicar las resoluciones de la ONU), y es Israel quién está demostrando mediante los hechos que quieren expulsar a los palestinos al mar, y no al revés.

Que ante esta situación no valen medias tintas: por un lado el Gobierno de Zapatero dice solidarizarse con Palestina y estar en contra de la masacre que Israel está llevando a cabo, y a su vez, reitera que Israel es un país amigo mientras sigue vendiéndole armas y apoyando sus intereses en la zona con tropas españolas (me refiero a las tropas españolas situadas en el Líbano para defender las posiciones israelitas frente a Hezbollah).

Ya a principios del siglo XX Rosa Luxemburgo criticaba esa forma de pacifismo burgués que más que alcanzar la Paz nos conduce a eternizar los conflictos.  Para alcanzar la Paz hay que analizar las causas y las razones del conflicto, y analizarlas críticamente. Y para ello debemos huir del relativismo moral: claro que estamos en contra de la muerte de civiles israelíes, pero esto no quita que señales a los verdaderos responsables de esta masacre, que a la vez son los verdaderos responsables de que el conflicto no se solucione y no se pueda alcanzar la tan deseada Paz.

Mientras no veamos la urgencia de sancionar y acabar con el sionismo y los proyectos expansionistas de Israel (“el Gran Israel“), todo lo que hagamos servirá para bien poco. A no ser que nos baste con la pose del pacifista occidental que mira con paternalismo a los pobres y desgraciados de la tierra.