El juez Garzón ha abandonado, tras apenas empezar, la carrera definitiva contra el fascismo en España. La revisión de los hechos acaecidos en este país en los oscuros años del franquismo era una necesidad. Como lo fue para Alemania tras el nazismo, o para Italia tras la caída de Mussolini. Estos países, sobre todo el primero, han sabido superar la página más triste de su historia reciente. España no. España todavía se vanagloria de esos hechos. La derecha de este país va de neoliberal, sol que más les calienta, pero en el fondo siguen añorando el brazo en alto, el nacional-catolicismo y, sobre todo, el silenciar la opinión de los demás a golpes.
En la mal llamada transición, las dos españas llegaron a un pacto de “reconciliación” que no fue más que un pacto de olvido. De olvido para los perdedores, claro, ¡qué cosas!, el que gana una guerra piensa que ya es para siempre. El caso es que la izquierda en este país perdió dos veces la guerra civil: una, en 1939, y otra a finales de los setenta. Ese pacto fue una claudicación, una nueva derrota. Vendimos nuestro futuro para que nos dejaran vivir. Ellos conservaron los mismos poderes, a cambio de que pudiéramos respirar y expresarnos libremente. Pero sólo eso, expresarnos. De llevar a cabo nuestras ideas, nada.
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